La presencia de amianto en edificios, cubiertas, bajantes, depósitos y otros elementos constructivos es una situación que requiere una actuación especializada. Mientras determinados materiales con amianto permanecen en buen estado pueden no liberar cantidades significativas de fibras, su deterioro, rotura o manipulación puede favorecer que estas pasen al ambiente y sean inhaladas.
Por este motivo, retirar amianto no consiste simplemente en desmontar y desechar el material. Es un proceso sujeto a estrictas medidas de seguridad y a una normativa específica destinada a proteger tanto a los trabajadores como a las personas que se encuentran en el entorno.
A continuación, explicamos, de forma general, cómo se retira el amianto y cuáles son las principales fases de una retirada profesional.
La retirada de amianto es el conjunto de actuaciones necesarias para eliminar de manera controlada materiales que contienen este mineral y gestionar posteriormente los residuos generados. En España, estos trabajos deben realizarse siguiendo la normativa aplicable en materia de exposición al amianto. Las empresas que desarrollan actividades incluidas en este ámbito deben cumplir los requisitos correspondientes, entre ellos los relacionados con el Registro de Empresas con Riesgo por Amianto (RERA). El objetivo principal es evitar la dispersión de fibras durante la intervención y garantizar que los residuos de amianto reciban una gestión adecuada.
No todos los materiales que contienen amianto presentan las mismas características ni se encuentran en el mismo estado de conservación. Antes de decidir una actuación es necesario valorar cada caso. La retirada puede plantearse, entre otras circunstancias, cuando los materiales están deteriorados, cuando van a verse afectados por una obra o demolición o cuando es necesario sustituir determinados elementos constructivos. Es habitual encontrar materiales con amianto en edificaciones antiguas, especialmente en elementos de fibrocemento como algunas cubiertas, placas, tuberías, bajantes o depósitos.
Una retirada profesional comprende diferentes etapas. El procedimiento concreto dependerá del tipo de material, su estado, las características del inmueble y las condiciones en las que tenga que desarrollarse el trabajo.
La primera fase consiste en determinar si existen materiales susceptibles de contener amianto y evaluar su situación. Los profesionales analizan aspectos como el tipo de material, su localización, estado de conservación, accesibilidad y características del espacio. Esta evaluación es fundamental para determinar las medidas que serán necesarias durante la intervención.
Una vez estudiada la situación, se planifica la actuación conforme a los requisitos legales y preventivos aplicables. La planificación debe contemplar cuestiones como el método de trabajo, los medios de protección necesarios, la delimitación de las zonas afectadas, la prevención de la dispersión de fibras y la posterior gestión de los residuos. Dependiendo de las características de la intervención, será necesario disponer del correspondiente plan de trabajo con amianto y seguir el procedimiento establecido ante la autoridad laboral competente.
Antes de comenzar la retirada se prepara el área de trabajo para reducir el riesgo de exposición de personas ajenas a la intervención. Esto puede implicar delimitar y señalizar la zona, restringir el acceso y establecer las medidas de protección necesarias según el tipo de trabajo. La preparación es especialmente importante porque uno de los principales objetivos durante toda la retirada es evitar que las fibras de amianto se dispersen a otras zonas.
Una vez preparada la zona, los profesionales proceden a retirar los materiales siguiendo el método de trabajo previamente establecido. La intervención busca minimizar la generación y liberación de fibras. Por este motivo, los materiales deben manipularse mediante procedimientos específicos y utilizando los equipos de protección y medios técnicos correspondientes. La forma de actuar puede variar considerablemente según se trate, por ejemplo, de placas de fibrocemento, conducciones u otros materiales que contengan amianto. Esta es una de las razones por las que el amianto no debe retirarse por cuenta propia ni manipularse sin la formación, autorización y protección adecuadas.
Los materiales retirados pasan a considerarse residuos que requieren una gestión específica. Deben acondicionarse, identificarse y manipularse de manera que se evite la liberación de fibras durante su almacenamiento temporal y transporte. No deben depositarse junto con los residuos domésticos ni abandonarse en contenedores convencionales, escombros o espacios públicos.
Después de retirar los materiales se lleva a cabo la limpieza del área intervenida conforme al procedimiento establecido. El objetivo es evitar que puedan permanecer restos o contaminación derivada de los trabajos realizados. Según las características de la intervención, pueden aplicarse además procedimientos de verificación y control antes de considerar finalizados los trabajos y permitir nuevamente el uso normal de determinadas zonas.
La retirada física del material del edificio no supone el final del proceso. Los residuos con amianto deben gestionarse siguiendo la normativa aplicable y trasladarse mediante los procedimientos correspondientes hasta instalaciones autorizadas para su recepción y tratamiento o eliminación. La correcta gestión de los residuos de amianto es una parte esencial de todo el procedimiento.
No existe una duración única para todos los trabajos de desamiantado. El tiempo necesario depende de factores como la cantidad de material, su ubicación, accesibilidad, estado de conservación y complejidad de la intervención. También hay que tener en cuenta las actuaciones previas necesarias antes de iniciar físicamente los trabajos. Por ello, una pequeña intervención y la retirada de una cubierta de grandes dimensiones pueden requerir planificaciones y plazos muy diferentes.
La manipulación de materiales con amianto puede liberar fibras microscópicas que no son visibles a simple vista y cuya inhalación supone un riesgo para la salud. Por ello, no se debe cortar, romper, perforar, lijar ni desmontar material sospechoso de contener amianto sin una evaluación profesional y sin cumplir las exigencias legales y preventivas correspondientes. Si se sospecha que un elemento de una vivienda, nave, comunidad o edificio contiene amianto, lo adecuado es evitar manipularlo y solicitar una valoración especializada.
La retirada profesional de amianto está sometida a requisitos específicos en materia de prevención de riesgos laborales. Las empresas de retirada de amianto en Barcelona, que realizan actividades comprendidas en la normativa sobre trabajos con riesgo de exposición al amianto deben cumplir las obligaciones establecidas, entre ellas las relacionadas con su inscripción en el RERA, la formación y protección de los trabajadores y los planes de trabajo que correspondan. Antes de contratar una retirada, es recomendable comprobar que la empresa cumple los requisitos necesarios para realizar este tipo de actuaciones.
Una correcta retirada de amianto requiere mucho más que desmontar un material antiguo. Desde la evaluación inicial hasta la gestión final de los residuos, cada fase está orientada a minimizar la exposición y evitar la dispersión de fibras. Ante la presencia o sospecha de materiales con amianto, la mejor actuación es no manipularlos y recurrir a profesionales especializados. Una evaluación adecuada permitirá determinar el estado del material, las medidas necesarias y la forma de proceder conforme a la normativa vigente.